¿Cómo educar a los hijos sin gritar?

Cómo controlar una clase sin gritar

Criar a un niño pequeño puede ser un reto. Sobre todo si tenemos en cuenta que tienen un vocabulario limitado y que pueden tener formas limitadas de expresar sus emociones. A veces, el mero hecho de controlar a tu hijo pequeño puede ser un reto en sí mismo.

La disciplina efectiva enseña al niño a ser autodisciplinado más adelante en su vida. Ayuda a que su hijo crezca feliz y bien adaptado. La disciplina efectiva y positiva enseña y guía a los niños, y les ayuda a sentirse seguros, protegidos y valorados.

Es fácil sentirse irritado, triste, enfadado, molesto, confundido y herido. Es en estos momentos cuando se ponen a prueba nuestras habilidades como padres, y es imprescindible que mantengamos una postura amable pero firme a la hora de imponer la disciplina.

Y seamos sinceros: ninguno de nosotros quiere herir a su hijo con abusos físicos o verbales. Queremos enseñar a nuestro hijo que esas cosas están mal, y castigar una fechoría o una acción inapropiada con gritos o golpes es, en el mejor de los casos, hipócrita.

El objetivo de un padre al disciplinar a su hijo es protegerle del peligro, ayudarle a aprender el autocontrol y la autodisciplina y desarrollar el sentido de la responsabilidad. Las medidas disciplinarias deben discutirse y entenderse de antemano para que los niños sepan lo que les espera cuando se han portado mal y puedan reflexionar y, con suerte, elegir una vía adecuada para evitarlo.

Efectos psicológicos de gritar a un niño

Gritar, chillar, perder la calma, levantar la voz…. Casi todo el mundo acaba haciéndolo en algún momento. Pero intenta recordar que tus hijos aprenderán a mantener conversaciones productivas si te observan. Durante las discusiones estresantes con los niños, es importante ser respetuoso y esperar respeto a cambio. A continuación, te explicamos cómo puedes hacer valer tu punto de vista y enseñarles habilidades de comunicación sanas.

Gritar «¡Deja de gritarme!» cuando estás discutiendo no es probable que haga que nadie se sienta más tranquilo. Modele el tipo de habilidades de discusión que quiere que su hijo aprenda. Pruebe esto: Cuanto más ruidoso se ponga tu hijo, más suave será el tono que utilices para responderle. Esto demuestra que levantar la voz no es la forma de resolver los problemas. Y puede hacer que ambos se sientan más tranquilos. Si tu hijo tiene problemas con las señales sociales como

A veces no hay lugar para la negociación en un asunto. En estos casos, utiliza un tono tranquilo y serio y repite en voz baja lo que esperas de tu hijo. «Lo siento, pero cuando pegas, te sientas». Independientemente de la reacción que obtenga, repita tranquilamente la misma frase tantas veces como sea necesario. Con el tiempo, su mensaje calará. Esto puede ser especialmente útil con los niños que tienen problemas para recordar o prestar atención a las reglas.

Cómo disciplinar a un niño sin pegarle ni gritarle

Los padres dicen que lo hacen sobre todo porque quieren que sus hijos les hagan caso, pero no consiguen ninguna cooperación. Cuando las promesas, las súplicas y las amenazas ya no funcionan, gritar puede parecer la única opción. Especialmente si el tiempo es escaso, los comportamientos están fuera de los límites y se producen grandes luchas de poder, los gritos se convierten en la forma de conseguir que los niños empiecen a escuchar.

Un mecanismo de defensa natural de los niños es «desconectar» los gritos. Es una entrada muy cargada. Los niños pueden responder con gritos o incluso reírse, pero no están interiorizando el mensaje. Los gritos frecuentes pueden desencadenar síntomas de ansiedad en los niños y conducir a un ciclo negativo de comunicación difícil de romper.

A veces tememos las posibles lágrimas, los conflictos o las protestas que pueden surgir al poner un límite, por lo que evitamos establecerlo en primer lugar. ¿Cuál es el problema? Esta práctica de evitarlo hasta el último momento nos lleva a la frustración y al resentimiento. Entonces gritamos y nuestro hijo se sobresalta, llora o se desconecta.

Cómo llamar la atención de los niños sin gritar

Seguro que de vez en cuando le gritas a tu hijo, y seguro que eso te hace sentir como un padre horrible. Yo también lo hago. Ayer mismo le grité a mi hijo (o le levanté la voz, como luego le contaría a mi pareja). El caso es que perdí la calma. Parecía decidido a incitarme a una pelea, y yo intenté resistirme pero no lo conseguí ☹.

Los niños, al parecer, dominan el arte de volvernos locos. Aprietan todos los botones para ver hasta dónde pueden llegar, desafían cada decisión que tomamos y, básicamente, hacen que parezca imposible ser padre sin gritar.

Si usted grita a su hijo de vez en cuando, no es el único.    En un estudio en el que participaron casi 1.000 padres, los investigadores descubrieron que más del 90% de los padres habían gritado o utilizado otras formas leves de agresión psicológica en los 12 meses anteriores, y tanto con niños pequeños como con niños mayores (hasta los 17 años).

¿Gritar a tu hijo es perjudicial? La respuesta corta es que sí. Puede asustarles, arruinar su relación y rara vez funciona. Pero lo cierto es que casi todos los padres gritan (o levantan la voz cuando pierden la calma), y que los gritos ocasionales no perjudican a tu hijo.

Entradas relacionadas

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad